Fué por estos días de febrero, pero de 1960, cuando aún funcionaba el viejo puente de La Boca.
Días de alegrías y tristeza, como toda época de carnaval.
Un fulano trabajador de una carbonera había perdido todo en una de esas rachas de mala suerte que cada tanto nos golpean. A este pobre hombre lo había golpeado con bastante saña la mala racha. De un día para el otro se vió con que la carbonera había cerrado ante la aparición del gas natural. Dicen que llegó temprano a su casa arrastrando los pies y con la cabeza gacha, buscando las palabras para explicarle a sus mujer que esa noche no habría ni un plato de comida en la cena. ¿Qué peor golpe que el encontrar a su mujer dando rienda suelta a sus bajos instintos junto a un desconocido amante? ¡Y en su propia cama! No mediaron palabras (solo le rajó una flor de puteada) Salió de su casa y la estocada final se la dió su propia hija, a quien vió unas esquinas más allá en pose provocadora y con un enjambre de hombres abriendo sus billeteras. Segundos después se iba caminando y taconeando con ese enjambre detrás hacia quien sabe donde…
Desesperado, humillado; pero totalmente resuelto se encaminó hacia la calle Ezeiza, juntó unos adoquines que encontró a su paso y los metió en la bolsa de lona gastada en la que llevaba sus ropas de trabajo. Le ató una cuerda a modo de cierre y se trepó al puente transbordador.
Se ató la soga al cuello y mirando el Riachuelo cerró los ojos apretándolos.
Alguien le tocó el hombro. Y al darse vuelta vió lo que nadie espera ver nunca: esa figura temida y maligna, algo parecido a un hombre; pero con el rostro rojo, ojos inyectados, dos especies de huesos que le sobresalían de la frente, y por detrás asomaba algo que parecía ser un rabo largo…
-Pará, ¿qué vas a hacer?. Le preguntó con una voz de temer.
-Lo único que me queda por hacer. No tengo trabajo, mi mujer me engaña, mi hija lleva una vida de mujerzuela…qué más me puede pasar? Voy a cerrar los ojos y hundirme acabando con todo esto!. Su voz ya no era de desesperado sino de rendido y resignado.
-Yo te puedo ayudar, claro que deberás hacer un sacrificio en mi nombre, deberás darme algo.
-¡Pero si no me queda nada! ¿Qué te puedo dar?. Dijo casi sonriendo.
Y el maligno le señaló los pantalones:
-Bajátelos y seguí mirando el Riachuelo.
El hombre, sin esperanzas, obedeció y ahí nomás su inesperado salvador lo sodomizó.
Cuando hubo terminado el ritual, mientras el Diablo se acomodaba sus extrañas ropas, el hombre, aún con lagrimas en los ojos y lleno de dolor le preguntó:
-¿Y ahora que debo hacer?
Aquel ser ladino le dijo entre risotadas:
-¡ Vos hacé lo que quieras. Yo me vuelvo al corso!
Moraleja: Nunca confíes en un tipo vestido de rojo y con cuernitos en la frente…


¡¡Feliz carnaval!!

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4 comentarios on No todo estaba perdido…

  1. Chuso dice:

    Increible! muy parecido al chiste que terminaba “soy Manolón, soy un hombretón y voy en mi camión”, y la monja a la que acababa de sodomizar le contestaba “pues yo soy Pascual, soy homosexual, y voy al carnaval”…

  2. Pelado dice:

    jajajajajajajajajajajajajajajaja

  3. Sil dice:

    Cuando empecé a leer sobre La Boca y el carbonero, pensé que la historia venía por el lado de nuestro querido Benito Quinquela Martín…pero no, parece que no te conozco todavía.

  4. Fer dice:

    Viejo el concepto….pero BUENISIMO EL FINAL!!!
    Grande PELA!!