sep
12
Casi inmediatamente después de mi experiencia entre tiburcios y luego de haber aparecido solo una semana por la oficina, como para que no se olviden que ese puesto era mío, nos fuimos a helar el culo hasta la tierra de los glaciares: El calafate.
Muchos glaciares, grandes, altos, más blancos, más azules. Pero uno, el más conocido: el Perito Moreno, es el que nos esperaba para posar nuestras patitas llenas de pinchos metálicos y caminar sobre él.
Sil esperaba, o mejor dicho, es lo que menos esperaba, que una grieta se abra y nos lleve a las azules y gélidas profundidades tal como a la pobre ardillita en pos de su bellota. Sólo que no perseguíamos ninguna bellota sino un buen pedazo de hielo antiguo para enfriar el Baileys que llevaba escabullido en mi mochila.
Así fuimos trepando cual bichos enfundados en camperas y con garras prestadas en los pies, entre españoles, ucranianos y compatriotas por esa inmensidad blanca y enceguecedora.
Se ve que no fuí el único con la idea de sorber algo con hielo glaciar, ya que al final de la subida nos esperaba un altar de madera con sendas botellas de un líquido brillante y ámbar, de tierras más lejanas y para beber en unos vidrios redondos y pesados. ¡Terrible trago de scotch nos mandamos! Entre saludes y nazdorovias y ruidos de vidrios chocando con esos pedazos irregulares de hielo dentro…qué placer!
El Baileys tuvo que esperar dentro de la mochila. Y en mi campera dos pedazos de hielo para otro brindis.
Partuzeros nuestros, hágase su voluntad así en la tierra como en el hielo…

Brutal! un buen trago de escocés en esos parajes helados! salud, partuceros!
Las fotos son muy buenas