May
30
Ocasión especial, lugar especial.
El día del cumple de Sil fuimos a cenar a un restaurante muy particular.
Es el Club del Progreso, Restoran Histórico Argentino.
Las especialidades giran en torno a un menú bien criollo, lo que contrasta con el entorno, ya que el lugar es un club donde se reunía lo más selecto de la sociedad de Buenos Aires a principios del siglo pasado, algunos de cuyos socios quedaron retratados para la posteridad en los diversos cuadros que adornan el edificio. Señores de rostro adusto y bigotes gruesos y blancos retorcidos en las puntas.
El restaurante funciona en una vieja casona en pleno centro porteño (Sarmiento entre Talcahuano y Uruguay), con un gran patio con piso de damero y un jardín espectacular, donde el protagonismo se lo lleva un gran horno de barro.
Cual camaleón (ojo: no careta) me adapto al ambiente si es que el mismo me agrada. Y es así como soy capáz de comer asado con la mano o…¡un costillón de novillo y mollejas crocantes con vajilla de plata!, bajo una araña de bronce y cristal, obvio. Ah, y rodeado de boisserie (revestimiento de madera de cedro en las paredes, brutos!).
“Me siento Vilma Picapiedra comiendo un pedazo de dinosaurio” (Silvia dixit). Y no era para menos, ya que el mencionado costillón era eso: un costillón que sobresalía por ambos lados de una rodaja de tronco. El pobre animalito estaba sellado a la parrilla y finalmente cocinado durante un par de horas en el horno de barro, lo que lo dejó tierno como mantequita e increíblemente sabroso. El resto del menú se pasea entre guisos criollos como locro y carbonada, empanadas de carne cortada a cuchillo y fritas en grasa, carnes de caza escabechadas y postrecitos nada light, más bien criollotes. Los precios, si uno no conoce el porte y calidad de los platos, pueden parecer un poquito gruesos; pero la verdad es que no lo son. El mencionado costillón cuesta $ 35 y viene acompañado por unas deliciosas mollejas crocantes y salsa criolla. También conviene pedir el menú, con platos para elegir, vino de primera, postre y café incluídos.
Así es el Club del Progreso, dónde se puede comer a lo argentino pero manteniendo las formas, eso si.

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